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Adobe Photoshop Express: la versión online

Posted in Fotoperiodismo por webadentro en marzo 29, 2008

Para los que no se hayan enterado, Photoshop ya tiene versión online. Se llama Photoshop Express y sorprende aún en su fase beta. Tiene todas las últimas herramientas y filtros para que retoques tus imágenes en forma gratuita pero profesional.Para poder utilizarlo sólo necesitas, además de la conexión a Internet, por supuesto, la última versión de Flash Player. A grandes rasgos lo primero que podemos apreciar es su renovada interfase

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El fotoperiodismo: dimensión del mensaje fotográfico

Posted in Fotoperiodismo,General por webadentro en febrero 28, 2008

Héctor E. Paz Alomar   cip221@cip.enet.cu

fotofish.jpgMucho tiempo ha transcurrido desde que el hombre primitivo grabara en las paredes de las cavernas que le servían de refugio aquellas primeras imágenes que trataban de reproducir escenas de caza, figuras de animales y los fenómenos naturales que escapaban a su comprensión.

Para poder lograr la perpetuidad de esas y otras imágenes, fue necesario que la vida misma cobrara inusitados niveles de desarrollo y que el hombre pusiera a funcionar su intelecto para ir descubriendo, poco a poco, cada eslabón de la larga cadena que permitió que el 4 de marzo de 1880 viera la luz pública la primera fotografía, parto que posibilitó el nacimiento del fotoperiodismo.

Por supuesto que para los bisoños soldados de la noticia — los fotorreporteros — la misión no fue nada fácil en aquellos inicios. Como es de imaginarse, tenían que cargar con grandes cámaras y otros medios para lograr la meta final: llegar a las redacciones con buenas instantáneas, aunque todavía no podía llamárseles así.

La nueva técnica devino valioso auxiliar de la labor periodística y revolucionó la concepción de la propaganda: para la misión de llegar a la conciencia de miles de personas, se utilizaba la imagen. Es oportuno señalar que la fotografía no solo sirvió a los intereses de la prensa; su uso se generalizó a otros campos, como la ciencia, la técnica y el arte.

Es indudable que la fotografía ha dado grandes saltos desde su origen. Hoy los fotorreporteros emplean modernos medios: cámaras dotadas de los últimos adelantos científico–técnicos, equipos de destello electrónico, tanto independientes como incorporados al cuerpo de las máquinas, objetivos zoom; películas de mayor velocidad, en blanco y negro, y en color…

Incluso, en los tiempos que corren, la tecnología ha alcanzado un gran desarrollo y cada vez más se suman al arsenal de los medios de difusión cámaras digitales con tarjetas de memoria y otro grupo de facilidades que posibilitan, entre otras ventajas, más calidad de imagen y mayor rapidez para colocar en los diarios y páginas Web las noticias graficadas.

La actualidad se presenta pletórica de vivencias y hechos para los hombres y mujeres que, cámara en ristre, apresan cientos de imágenes de los más disímiles temas que reflejan la realidad cotidiana de los pueblos que son, en definitiva, los protagonistas de la Historia, la mayoría de las veces en condiciones muy difíciles frente a los regímenes que no representan los más nobles intereses.

Es precisamente bajo esas condiciones que el mensaje fotográfico adquiere otra dimensión: ya no solo es medio auxiliar o complementario de la palabra escrita, sino que se convierte en un poderoso vehículo de educación colectiva. Con mucha razón Lev Ustinov, de la desaparecida Agencia de Prensa Novosti, planteó que “el fotógrafo se convierte en representante del propio lector y del acontecimiento captado por la fotografía en el lugar y momento de ocurrir”, para aseverar más adelante que “toda fotografía que logre despertar tal impresión en el lector, será aceptada con interés.”

El fotorreportero tiene mucho de protagonista, pues de la carga ideológica e informativa que lleve cada foto que presente a su redacción, mucho depende la calidad y la efectividad del mensaje que, visualmente, junto a la palabra escrita, recibe el lector.

Gracias a los modernos sistemas de comunicación: correo electrónico, fax, etcétera, en pocos minutos se puede tener una o varias imágenes gráficas de un suceso que haya ocurrido en lugares tales como Groenlandia, o en las profundidades del mar, en el interior de una nave cósmica, mensaje que en breve tiempo recibe uno de los elementos más importantes en el mecanismo de la comunicación: el receptor.

Si se tiene en cuenta el elevado número de emisoras de televisión y cinematógrafos que funcionan, la cantidad de periódicos, revistas y libros que se publican en todo el planeta, y que necesitan de imágenes, no cabe duda, entonces, del papel que juega la foto periodística, como se le llama genéricamente.

La fotografía, como imagen, tiene su base en la realidad, es rica en información en sentido general y “difiere de cualquier técnica manual de producción de imágenes por su carácter documental”, como plantea el autor Albert Ndindah en su trabajo La fotografía como medio de información en la prensa.

El propio investigador refiere que “el valor informativo de una foto como parte de los medios de comunicación de masa, está, sobre todo, determinado por el carácter documental de la fotografía.”

Se trata, entonces, de que el fotorreportero —periodista al fin— recoja, en cualesquiera de los soportes que utilice, el instante decisivo que a través del visor de su cámara capte la imagen en correspondencia con los requerimientos informativos del hecho, que recepcione el reflejo exacto de la realidad en cuanto sea posible.

¿Por qué? Pues porque esa o esas gráficas, cuando son reproducidas cientos de miles de veces, llevan implícita una gran carga de información, de valores morales, de estímulo al o a los individuos o colectivos que fueron los autores de determinado hecho.

Esto obliga a hacer una buena selección del material gráfico que se propone para su publicación, que satisfaga los requerimientos indicados, para que comunique, eduque, movilice o denuncie, según el caso.

Las fotos que acompañan informaciones, entrevistas, reportajes, comentarios, crónicas, entre otros géneros, deben tener actualidad, interés humano y colectivo, buena composición y adecuado nivel de contraste y, sobre todo, la carga emotiva que le pone el autor a su obra, su sello personal.

Hoy existe una tendencia hacia el incremento de la graficación. En cuatro, cinco o seis fotos, tomadas con toda intención y que reúnan las características descritas, se puede decir mucho más que en tres o cuatro cuartillas.

El especialista húngaro Gábor Szilágyi, en Las relaciones entre la prensa y la fotografía, señala al respecto que “la causa de esta penetración es simple al parecer: las imágenes influyen, estimulan considerablemente a que se lean los artículos. Además, el lector comprende en un instante lo que la imagen representa.“

El citado autor ha hecho una acertada definición de la función de las fotos que se publican en la prensa, consideraciones a tener en cuenta, pues apuntan con claridad al centro de la cuestión: “Todas las fotos publicadas en la prensa tienen triple función: registran los hechos y constituyen un depósito de memoria artificial que nos libera del esfuerzo de la evocación; transmiten informaciones, ayudan a memorizarlas, elaboran una información dada y transmiten la interpretación de la realidad en determinados grupos sociales”, y recalca: “Las imágenes cuya función no responde a lo antes citado, no pueden considerarse fotos de prensa.”

A similares conclusiones ha llegado otro de los especialistas ya citados, Albert Nindat, cuando afirma: “En el periódico ilustrado la fotografía tiene dos funciones fundamentales: informar sobre hechos sociales importantes o recién establecidos, y convertirse en un medio de reflejo estético de la realidad.”

Los problemas del mundo actual —de todo tipo—, son factores que acrecientan la necesidad cognoscitiva del hombre, y para su satisfacción, la prensa ha de desempeñar un papel singular, pues, sin duda, coadyuva a las transformaciones sociales, a educar, informar, orientar y movilizar a las masas, al pueblo, apelando a la razón y a la conciencia.

En esta noble misión, a los que la mayoría de las veces vemos la vida a través del visor de una cámara, nos corresponde el singular papel de apresar para la historia de la Humanidad esas imágenes que, a veces, solo demoran milésimas de segundo para ser atrapadas.

Está claro para todos los que abrazamos esta profesión, que se viven tiempos caracterizados por complejos procesos sociales en los que, a ojos vista, se recrudece el enfrentamiento ideológico y se incrementa, en grado sumo, la politización de las grandes masas populares, por mencionar solo algunas aristas de la lucha que se libra en diferentes partes de este agitado planeta, y que nos toca tomar partido a favor de esas luchas, en las que la fotografía, por su valor documental y de denuncia, desempeña un papel vital como componente singular de los no menos vitales textos.

Así lo plantea el teórico dominicano Miguel Aponte Viguera, en su texto La fotografía en la prensa y la lucha ideológica contemporánea cuando afirma que: “La fotografía en la prensa revolucionaria, es uno de los elementos más activos en el sistema de información, propaganda y agitación masiva, y constituye, además, una forma real del periodismo visual que posee su caudal de expresividad, su estructura específica de género, y su método de observación y estudio de la vida.”

FUENTES

El uso de la fotografía periodística en INVASOR en 1986

Trabajo de  diploma del autor. Universidad de Oriente. Facultad de Artes y Letras Julio 1987 

 

Lev Ustinov: Interrelaciones entre el fotógrafo y la fotografía. (Conferencia)

                     Archivo personal del autor.

 

Albert Nindat: La fotografía como medio de información en la prensa.

                       Revista Fototécnica, Año XVII, números 3 y 4, 1986. La Habana.

Albert Nindat: Fotografía de Prensa. La Habana. UPEC. 1978.

Gábor Szilágyi: Las relaciones entre la prensa y la fotografía. Fototécnica.

                       Año XV, Número enero–febrero–marzo. 1982. La Habana. 

Miguel Aponte Viguera: La fotografía en la prensa y la lucha ideológica contemporánea. Santo Domingo. Edita Libros 1983

Un clic no hace al fotógrafo

Posted in Fotoperiodismo por webadentro en febrero 8, 2008

FOTOPERIODISMO—- Si bien es cierto que siempre se ha considerado que la visión artística del fotógrafo es la materia prima más importante a la hora de concebir una buena foto, los tiempos modernos, con su aplastante tecnología, imponen al artista una preparación consecuente en estos medios.La computación, con sus múltiples softwares aplicados a la fotografía, la digitalización de las comunicaciones, así como las cámaras digitales, aceleran un proceso que, si bien puede atentar contra la concepción porque el fotógrafo puede “conformarse” con la primera imagen “publicable” que ve, es indiscutible que posibilita hacer en tiempo real la  realización periodística.

Un problema crucial al que nos enfrentamos es la tecnología. Cada día salen al mercado cámaras y accesorios capaces de brindar al fotorreportero nuevas prestaciones. Los precios de adquisición de estos productos son altos, especialmente los de última generación, y las consabidas dificultades financieras limitan nuestro acceso a estos.

Con respecto al Photoshop, software principal de trabajo para el procesamiento de las imágenes, la dificultad estriba en conocer y dominar las herramientas fundamentales que pone a disposición nuestra. Los fotógrafos de prensa muchas veces no son capaces de ir más allá de las aplicaciones rutinarias usadas en el diario, siendo este uno de los software más extensos de los que se ha construido en este sentido y que aporta al artista, numerosas posibilidades de creación, sin caer en la manipulación exagerada de las imágenes.

El procesamiento plantea al fotógrafo un grupo de operaciones que hacemos de manera casi automática, sin ver más allá de ellas. Solo nuestra curiosidad y espíritu creador son los que nos convocan a ir en busca del arcoiris de posibilidades y oportunidades que casi nunca utilizamos.

Por ello consideramos necesario que cada fotorreportero se plantee la superación como una tarea principal.

A la vuelta de la esquina están los tiempos en que hacíamos fotos en el laboratorio. Quienes conocieron esa experiencia saben que una buena foto no depende del último artificio tecnológico, sino del conocimiento que tenga el fotógrafo sobre su trabajo, del talento, visión, conocimiento estético y general y cultura del arte plástico.

Algunos fotorreporteros apuestan por los avances de la técnica sin reparar en la importancia del oficio. Quienes consideramos el problema viendo al oficio como su eje, pensamos que en nuestras condiciones, la capacidad creativa puede encontrar un campo pleno de expresión sin necesidad de contar con las últimas novedades.

Por eso hago un llamado a todos los colegas a que no se encasillen siempre con la misma imagen, ya sea en una simple entrevista o un gran reportaje. Este último nos permite la posibilidad de demostrar que realmente somos todos artistas del lente y es ahí donde hay que poner el extra para romper con esos esquemas que echan por tierra el resultado final.

Hoy en día, los medios están carentes de los reportajes, género en el que el fotorreportero tiene la posibilidad de publicar varias fotos y que le permite expresarse como el artista que es y no como el que aprieta el obturador para hacer una entrevista y sacar la clásica carita del entrevistado y no su retrato.

Con el reportaje debe buscarse siempre esos primeros planos que tanta agresividad demuestran, el contraluz, los detalles, estilos que tanto le aportarían a nuestra prensa y sin embargo están casi extinguidos.

El fotorreportero de prensa debe ser capaz de buscar dónde se encuentra la información del trabajo que está realizando. Para ello tiene que saber que temas se están tratando, cual es el núcleo principal. Por ahí encontraría la guía conductora y de esta manera, sus fotos acompañarían lo redactado por el periodista, logrando así una buena cobertura y un buen trabajo de equipo.

Los periódicos y sitios Web deben ser resultado de visiones integrales de la noticia. El artículo, la imagen y el diseño deben confluir hacia el mismo propósito. La práctica, sin embargo, no siempre reproduce esa unidad de trabajo. Y los resultados de esa ausencia pueden verse en ocasiones.

La superación es también una cuestión primordial para los profesionales del diseño. No se concibe el dominio de su campo específico sin un conocimiento de la fotografía y, principalmente, sin vastos conocimientos sobre composición de imágenes.

En tiempos donde hasta con un simple teléfono celular de tercera generación se hacen fotografías de instantes que por su esencia son noticia, no por eso se capta gráficamente la esencia de un momento. Quien crea que dar un clic lo hace fotógrafo, especialmente de prensa, está equivocado. Tecnología aparte, lo más necesario es la preparación, el ojo, el arte, el oficio.

Para finalizar quiero que esta ponencia sea motivo de reflexión sobre los temas que expongo. Si hacemos un análisis profundo, llegaremos todos a la conclusión de que el fotorreportero de prensa hoy necesita superación, estar  siempre bien informado, no caer en la fotografía de rutina, convencerse que cada día que pasa se puede hacer una foto diferente porque no hay fotos ni artículos iguales. De esta manera contribuiremos a realizar un periodismo digno y respetado.

Autor: Franklin Reyes Marrero
Medio: Periódico Juventud Rebelde. La Habana. Cuba   www.jrebelde.cu

Una mirada de aprendiz a un medio que no ha dejado de aprender

Posted in Fotoperiodismo por webadentro en febrero 8, 2008

fotoperiodismo.jpg FOTOPERIODISMO—- Los que iniciaron el uso de la imagen gráfica en la prensa como complemento del texto noticioso no lo hicieron de manera inocente, y sin embargo, muy lejos estaban de avizorar que, desencadenada la imaginación humana, pocas decenas de años más tarde la imagen alcanzaría tal preponderancia, por su poder de convencimiento, que incluso llegaría a crearse un nuevo medio periodístico en que el poder de lo visual resultaría, sino preponderante, digamos que esencial.

No más el alemán Meisenbach creó los fundamentos de la fototipia, la fotografía no solo consiguió convertirse en una rama del periodismo (cuya profesión todavía se paseaba en pañales por las más importantes ciudades del planeta), sino que pasó a constituir un elemento esencial para que los diseñadores “refrescaran” sus páginas y de una vez se animara la lectura de los largos textos de la época (a la par se hacía innecesario el excesivo descriptivismo literario); por cierto, muchos miembros del público que antes nada podían “sacarle” a las hojas impresas que arrastraba el viento (por su condición de analfabetos), ahora con solo una mirada eran capaces de captar una porción del mensaje informativo.

En unos pocos años periódicos de tirada masiva como The Illustrated London News y el Illustrated Newspaper, de la capital británica (que hasta entonces se basaban en grabados realizados a líneas) difundieron esta vía de comunicación visual, y en rápida secuencia otros de gran tirada (de Nueva York, Berlín, etc.) la incluyeron también en sus páginas. Vale decir que, en Cuba, el iniciador fue el diario La Lucha, que instaló su taller de fotograbado a mediados de la década de los ’80, en el siglo XIX, dando una prueba más del interés grande antillano de estar al frente de cuanta invención saliera a la palestra mundial.

El uso y la inmediata generalización de la fotografía como recurso de la prensa pudo haber tenido esta o aquella condicionante parida por la sociedad en que ocurrió, pero de cualquier manera hubiera sucedido, porque ningún otro medio anteriormente usado había conseguido hacer masiva la condición de testigo de alguna realidad que ella consigue; ninguno había logrado esa sensación de veracidad convincente que da una foto sobre el papel periódico.

Claro, la esencia del capitalismo, teñido a toda hora por ese amor burgués por la reproducción de la realidad, por el sensacionalismo y la autoelevación del ego, matizaron el inmediato casamiento de esta nueva herramienta periodística con la divulgación de la noticia; pero habría sido a su manera de haber surgido durante el esclavismo o la época de la conquista espacial: cada momento histórico le impondría la impronta de sí mismo.

Otra inventiva se sucedió casi de inmediato: a finales de la década del 20 del siglo pasado comienza a transmitirse la fotografía por facsímile, utilizando tanto el cable como la radio, con lo que el uso de este medio gana el espaldarazo definitivo.

Según plantean los conocedores del medio, el primer concepto a tener en cuenta al incluir una fotografía en un soporte periodístico es que ella justifique por si misma su aparición, por la calidad con que refleja su mensaje y por su relación con el texto que acompaña, para lo que se impone el más severo juicio estético por parte del periodista sobre el trabajo realizado por el fotorreportero (recordar la sentencia de Chernishevski: “el dilema oscila entre pintar una cara bella y pintar bellamente una cara), aunque la inclusión o no del apoyo fotográfico dependa en definitiva del espacio y de la decisión del editor.

Nunca deberemos olvidar que, de la misma manera en que repetimos sin cesar, “Una foto vale más que mil palabras”, cualquier manipulación gráfica (de las que no se puede prescindir, a la hora de enfrentar el trabajo) que de algún modo consiga torcer la verdad, derrotará todo el esfuerzo del equipo reporteril y, con menos suerte, de toda la publicación por unas cuantas semanas. Esto sucede, repito entonces, con mayor rotundez que un mal artículo, o un titular desdichado.

Si nos atenemos a los conceptos iniciales, una buena foto de prensa debe llevar dos condiciones esenciales: debe cumplir los requisitos mínimos para su impresión y portar un mensaje periodístico adecuado a los intereses editoriales.
Es conveniente seleccionar aquellas que pueden dar la noticia de un solo vistazo, de manera que, el que tan solo hojea (con “h” si lo hace en un periódico de papel, ojea sin “h” si lo hace en Internet, pues se refiere al paso de los ojos), sea captado para detenerse a leer, o al menos se “lleve” algo del mensaje. Por otra parte, el impacto de este recurso gráfico ayuda a grabar en la mente la noticia, independientemente de su nivel de interés, y hace más atractiva la publicación; pues, como ya decíamos, rompe la monotonía de las páginas.

Por el contrario, es deshonesto recurrir a sucedáneos, cuando no se cuenta con la apoyatura gráfica necesaria. Hay quienes ponen materiales de archivo sin especificarlo, quienes usan reiteradamente la misma foto sin importarle el cansancio del lector o que el protagonista haya cambiado su apariencia. Es preferible usar collages, graficar sobre la imagen o utilizarla como material base para sombreados y otros recursos artísticos que ambientan, entusiasman y a la par que implican trabajo, se diferencian del facilismo y ganan el favor del destinatario.

También es poco profesional usar la misma técnica para presentar la información, lo que sucede especialmente en el caso de las entrevistas de compromiso.

El buen fotorreportero captará lo típico del hecho, reflejará el tono, el espíritu de la actividad, resaltará los valores asociados, el elemento humano, la intencionalidad política. Buscará captar acciones y no poses, y dará vida a sus tomas, de manera que conserven independencia suficiente, con o sin texto, con o sin pie de grabado. Esto se consigue a partir de la experiencia, la observación, la selección, la síntesis y la constancia.

El surgimiento del fotorreportaje, la consolidación del arte fotográfico, su traslación a las publicaciones de Internet y la vigencia de la cámara portátil en días del imperio de la televisión, son prueba fehaciente de que por mucho tiempo se mantendrá en explotación lo que un día lejano naciera en una sala oscura. 

Juan Antonio Alfonso Roque, Periódico Cinco de Septiembre. Cienfuegos, jalfonso@enet.cu