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El semblante perdido en la opinión del periodismo cubano

Posted in Comentario por webadentro en febrero 27, 2008

 René Rivero Díaz     cip309@cip.enet.cu

La amenaza inminente de que los enemigos de la Revolución aprovechen nuestras posibles desmotivaciones para asumir el protagonismo del debate como categoría periodística que regula y diseña la opinión pública, y al final nos derrote; es una verdad advertida hace dos años por el Presidente Fidel Castro en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.

Se trata de defender el debate como categoría necesaria en la sociedad Socialista para proveer de soluciones viables a los líderes en su empeño de gobernar mediante el ejercicio de la democracia participativa que asumimos los cubanos.

Desde esa mirada el papel de los medios debe ser la de crear y proteger, mediante el enfrentamiento de ideas, los espacios de discusión pública que vuelquen sobre la realidad cotidiana las propuestas indispensables para cumplir la máxima fidelista de: “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, con el fin concreto de preservar la existencia y progreso de nuestra sociedad.  

Si regresamos a los albores del último canje de clases sociales en el poder en Cuba, podremos constatar que medios como el periódico Revolución, la revista Bohemia y el derechista Diario de la Marina, fueron los responsables  de abrir las puertas a cada uno de los contendientes que defendían o agredían la construcción de un modelo de igualdad y justicia en el archipiélago Cubano.

Para que la mayoría en el poder aceptará el carácter socialista de la nación en abril de 1961, fue determinante que los medios de comunicación masiva incluyeran en sus ediciones los argumentos de las vanguardias intelectual y política y la de los partidarios de la República Burguesa  instaurada durante las primeras cinco décadas del pasado siglo.

No fue por casualidad que el discurso del Comandante en Jefe Fidel Castro, sobre la inevitable desaparición de instituciones protectoras de privilegios y promotoras de traiciones patrias, reseñado en varias publicaciones de tirada nacional, removiera los cimientos de varias empresas periodísticas capitalistas que se auto condenaron con la famosa “Carta sin sobre” aparecida el 6 de diciembre de 1960 en el Diario de la Marina.

Hija de la polémica pública también fue la definición del papel del intelectual revolucionario dentro de su Revolución que tuvo su punto más trascendental en junio de 1961 en la célebre reunión de Fidel con los intelectuales más representativos del país donde dijo una frase breve, y categórica que funcionó, desde entonces, como el eje ideológico de la política cultural cubana: “dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”.

La prensa como institución,  trató entonces de enrumbar su objetivo para convertirse en el reflejo más inmediato de los fenómenos de una sociedad con características únicas por asumir transformaciones impostergables para su existencia, dirigidas por el Partido Comunista de Cuba.

La cuestión primordial del debate como actividad necesaria para construir la opinión pública y situar a la prensa plana, la radio y la televisión en el puesto de avanzada tuvo en “El proceso de rectificación de errores y tendencias negativas” un apoyo militante por parte de los principales dirigentes de la nación,  que no fue entendido en toda su magnitud por los profesionales del sector.

Si cada individuo responsabilizado con el progreso de nuestro modelo de prensa hubiese entendido el llamado realizado por el Buró Político en el 1984, hoy no lamentáramos ciertas incapacidades para revelar a los ciudadanos hechos que les interesan, bajo la premisa de que han sido engañados en algún punto vital de sus intereses temporales o espirituales, por individuos que se colocan con sus acciones fuera de las estructuras y proyectos promovidos por la Revolución.

Muchas veces el debate al que aspiramos queda trunco porque al margen de la política oficialmente establecida, que tiene en cuenta que por la constante agresión del Imperio, recrudecida en los últimos años, no siempre es conveniente abordar un tema, pues podríamos revelar una estrategia o un programa antes de que exista condiciones para ello, algunas personas con determinadas responsabilidades dificultan la normal circulación de la información y el ejercicio del periodismo.

Los argumentos de esas tendencias ajenas a la ética de un revolucionario se escudan bajo la falsa idea de que los enemigos internos y externos pondrían aprovechar el conocimiento de dificultades y defectos de la realidad social para desorientar, confundir y desalentar al pueblo.

Otros esconden sus incapacidades bajo el manto esquivo de que cada nueva discrepancia rompería la unidad ideológica de la nación, tan necesaria para su sobrevivencia.

Esos olvidan que en la actualidad,  la razón de ser de la prensa en Cuba es defender la supremacía del sistema Socialista, sobre los principios del convencimiento y para convencer es imprescindible la participación de todos los comprometidos en preservar las conquistas y valores cimentados en la Mayor de la Antillas a partir de 1959.

Las necesidades del presente nos indican que los elementos estructurales del debate en los medios periodísticos cubanos deben estar dirigidos a  promover el enfrentamiento de argumentos, dentro del modelo socioeconómico, para proveer de propuestas acertadas a los seres humanos responsabilizados con liderar el ejercicio del poder.

Para asumir en toda su extensión y responsabilidad la discusión pública, es impostergable superar los vacíos intelectuales de nuestro sector, porque como advirtió el Comandante Ernesto Che Guevara en su obra El Socialismo y el hombre en Cuba, el debate en nuestra sociedad presupone el diálogo entre el pensamiento oficial y las ideas de los individuos que eligen la vanguardia política de la nación.

Con ese fin en las recién aprobadas Orientaciones del Buró Político  del Comité Central del Partido Comunista de Cuba para incrementar la eficacia informativa de los medios de comunicación masiva del país se destaca la necesidad de elevar la superación individual de los periodistas.

En el camino de los cambios necesarios para acercar más el modelo de prensa nacional a la vida de los cubanos no debemos olvidar la idea de Roberto Fernández Retamar de que: “Con medidas incorrectas hemos topado, y ellas plantean, por lo pronto, un problema de conciencia a un intelectual revolucionario, que no lo será de veras cuando, aplauda, a sabiendas de que lo es, un error de su revolución, sino no cuando haga ver que se trata de un error.”

*Ponencia presentada en el II Evento Científico del Periodismo Avileño CIPECA 2007

Bibliografía consultada 

– Discurso del Comandante en Jefe Fidel Castro en el aula Magna de la Universidad de La Habana, 17 nov. 2005.

– Códigos de éticas para los cuadros del Estado y la Unión de Periodistas de Cuba.

– Orientaciones del Buró Político  del Comité Central del Partido Comunista de Cuba para incrementar la eficacia informativa de los medios de comunicación masiva del país. RSB 232 del 12 de febrero de 2007.

– Orientaciones del Buró Político  del Comité Central del Partido Comunista de Cuba para incrementar la eficacia informativa de los medios de difusión masiva del país. Año 1984.

– El socialismo y el hombre en Cuba. Ernesto Guevara de la Serna. Editorial Ciencias sociales.

– Hacia una intelectualidad revolucionaria en Cuba”. Ensayo de otro mundo. Roberto Fernández Retamar. Instituto del Libro, La Habana, Cuba.

– “Sobre los intelectuales y la critica social en la esfera pública cubana”. Las causas de las cosas. Desiderio Navarro. Letras Cubanas. 2006

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