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Una mirada de aprendiz a un medio que no ha dejado de aprender

Posted in Fotoperiodismo por webadentro en febrero 8, 2008

fotoperiodismo.jpg FOTOPERIODISMO—- Los que iniciaron el uso de la imagen gráfica en la prensa como complemento del texto noticioso no lo hicieron de manera inocente, y sin embargo, muy lejos estaban de avizorar que, desencadenada la imaginación humana, pocas decenas de años más tarde la imagen alcanzaría tal preponderancia, por su poder de convencimiento, que incluso llegaría a crearse un nuevo medio periodístico en que el poder de lo visual resultaría, sino preponderante, digamos que esencial.

No más el alemán Meisenbach creó los fundamentos de la fototipia, la fotografía no solo consiguió convertirse en una rama del periodismo (cuya profesión todavía se paseaba en pañales por las más importantes ciudades del planeta), sino que pasó a constituir un elemento esencial para que los diseñadores “refrescaran” sus páginas y de una vez se animara la lectura de los largos textos de la época (a la par se hacía innecesario el excesivo descriptivismo literario); por cierto, muchos miembros del público que antes nada podían “sacarle” a las hojas impresas que arrastraba el viento (por su condición de analfabetos), ahora con solo una mirada eran capaces de captar una porción del mensaje informativo.

En unos pocos años periódicos de tirada masiva como The Illustrated London News y el Illustrated Newspaper, de la capital británica (que hasta entonces se basaban en grabados realizados a líneas) difundieron esta vía de comunicación visual, y en rápida secuencia otros de gran tirada (de Nueva York, Berlín, etc.) la incluyeron también en sus páginas. Vale decir que, en Cuba, el iniciador fue el diario La Lucha, que instaló su taller de fotograbado a mediados de la década de los ’80, en el siglo XIX, dando una prueba más del interés grande antillano de estar al frente de cuanta invención saliera a la palestra mundial.

El uso y la inmediata generalización de la fotografía como recurso de la prensa pudo haber tenido esta o aquella condicionante parida por la sociedad en que ocurrió, pero de cualquier manera hubiera sucedido, porque ningún otro medio anteriormente usado había conseguido hacer masiva la condición de testigo de alguna realidad que ella consigue; ninguno había logrado esa sensación de veracidad convincente que da una foto sobre el papel periódico.

Claro, la esencia del capitalismo, teñido a toda hora por ese amor burgués por la reproducción de la realidad, por el sensacionalismo y la autoelevación del ego, matizaron el inmediato casamiento de esta nueva herramienta periodística con la divulgación de la noticia; pero habría sido a su manera de haber surgido durante el esclavismo o la época de la conquista espacial: cada momento histórico le impondría la impronta de sí mismo.

Otra inventiva se sucedió casi de inmediato: a finales de la década del 20 del siglo pasado comienza a transmitirse la fotografía por facsímile, utilizando tanto el cable como la radio, con lo que el uso de este medio gana el espaldarazo definitivo.

Según plantean los conocedores del medio, el primer concepto a tener en cuenta al incluir una fotografía en un soporte periodístico es que ella justifique por si misma su aparición, por la calidad con que refleja su mensaje y por su relación con el texto que acompaña, para lo que se impone el más severo juicio estético por parte del periodista sobre el trabajo realizado por el fotorreportero (recordar la sentencia de Chernishevski: “el dilema oscila entre pintar una cara bella y pintar bellamente una cara), aunque la inclusión o no del apoyo fotográfico dependa en definitiva del espacio y de la decisión del editor.

Nunca deberemos olvidar que, de la misma manera en que repetimos sin cesar, “Una foto vale más que mil palabras”, cualquier manipulación gráfica (de las que no se puede prescindir, a la hora de enfrentar el trabajo) que de algún modo consiga torcer la verdad, derrotará todo el esfuerzo del equipo reporteril y, con menos suerte, de toda la publicación por unas cuantas semanas. Esto sucede, repito entonces, con mayor rotundez que un mal artículo, o un titular desdichado.

Si nos atenemos a los conceptos iniciales, una buena foto de prensa debe llevar dos condiciones esenciales: debe cumplir los requisitos mínimos para su impresión y portar un mensaje periodístico adecuado a los intereses editoriales.
Es conveniente seleccionar aquellas que pueden dar la noticia de un solo vistazo, de manera que, el que tan solo hojea (con “h” si lo hace en un periódico de papel, ojea sin “h” si lo hace en Internet, pues se refiere al paso de los ojos), sea captado para detenerse a leer, o al menos se “lleve” algo del mensaje. Por otra parte, el impacto de este recurso gráfico ayuda a grabar en la mente la noticia, independientemente de su nivel de interés, y hace más atractiva la publicación; pues, como ya decíamos, rompe la monotonía de las páginas.

Por el contrario, es deshonesto recurrir a sucedáneos, cuando no se cuenta con la apoyatura gráfica necesaria. Hay quienes ponen materiales de archivo sin especificarlo, quienes usan reiteradamente la misma foto sin importarle el cansancio del lector o que el protagonista haya cambiado su apariencia. Es preferible usar collages, graficar sobre la imagen o utilizarla como material base para sombreados y otros recursos artísticos que ambientan, entusiasman y a la par que implican trabajo, se diferencian del facilismo y ganan el favor del destinatario.

También es poco profesional usar la misma técnica para presentar la información, lo que sucede especialmente en el caso de las entrevistas de compromiso.

El buen fotorreportero captará lo típico del hecho, reflejará el tono, el espíritu de la actividad, resaltará los valores asociados, el elemento humano, la intencionalidad política. Buscará captar acciones y no poses, y dará vida a sus tomas, de manera que conserven independencia suficiente, con o sin texto, con o sin pie de grabado. Esto se consigue a partir de la experiencia, la observación, la selección, la síntesis y la constancia.

El surgimiento del fotorreportaje, la consolidación del arte fotográfico, su traslación a las publicaciones de Internet y la vigencia de la cámara portátil en días del imperio de la televisión, son prueba fehaciente de que por mucho tiempo se mantendrá en explotación lo que un día lejano naciera en una sala oscura. 

Juan Antonio Alfonso Roque, Periódico Cinco de Septiembre. Cienfuegos, jalfonso@enet.cu

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